Estoy en Wolfsburg, sede del primer fabricante europeo de automóviles, y probablemente una de las ciudades peor comunicadas con Madrid del mundo, pero eso es otra historia. Estoy en una sala habilitada para la prensa que está llena de periodistas con corbata tecleando sin parar cifras y datos en relación con los resultados económicos correspondientes al pasado ejercicio que ha presentado el grupo Volkswagen. Los números ya habían sido adelantados hace un par de semanas, pero no deja de sorprender lo bien que va esta compañía, aunque haya reducido sus beneficios en un 80%.
Por todos es sabido que las compañías de automóviles no trabajan con la mente puesta en el corto plazo, ni tampoco en el medio, sino que a lo que se dedican ahora será lo nuevo de dentro de cinco, seis, diez o quince años. El desarrollo de un nuevo modelo se empieza a idear unos ocho o siete años antes de que se lance comercialmente y las estrategias de las empresas tienen unos plazos de entre cinco y diez años, lo que demuestra que, a pesar de los errores y de que a veces las cosas parezca que no están pensadas, los ingenieros de las grandes firmas de automóviles siempre van por delante.
Pasado el primer mes del año, digeridos los polvorones, y ya casi olvidados los regalos de los Reyes Magos, hemos entrado de lleno en el mes de febrero, que además de tener este año 28 días, es el que marca el inicio oficial de la temporada de presentación de resultados económicos correspondientes al pasado ejercicio de las empresas de todo tipo, pero especialmente de las que más nos interesan, que son las del sector del automóvil.
En la vida hay veces que las situaciones dan giros inesperados, no siempre siguen el curso que deberían, y parece que en el mundo del motor estas cosas pasan más a menudo de lo normal, o por los menos en los últimos tiempos, se están rompiendo los esquemas más veces de lo que podríamos considerar como normal. Primero fue el, no se puede llamar de otra forma, culebrón entre Volskwagen y Porsche, luego llegó la frustrada venta de Opel a Magna, y, finalmente, hemos visto como el proceso de traspaso de Saab se ha ido al garete.
Hace pocos días, los periodistas que acudimos a la presentación del nuevo León Cupra R tuvimos una grata sorpresa. El programa del día contaba con un vuelo hacia Barcelona, un recorrido hasta el Circuito de Castellolí, unas vueltas con la 'bestia' por el circuito, después una comida y vuelta a Madrid en el Puente Aéreo. Sin embargo, el día nos deparaba una novedad. Íbamos a poder escuchar por primera vez, después de un intento fallido en el Salón del Automóvil de Frankfurt, unas declaraciones públicas del nuevo presidente de Seat, el británico James Muir.
Cuando parecía que la situación del sector del automóvil en España había tocado fondo y que poco a poco se estaban recuperando los volúmenes de ventas de coches, gracias a las ayudas directas a la compra de coches contempladas en el marco del Plan 2000E, veo que la cosa puede volver a como estaba hace unos meses si no se toman medidas de forma inmediata.
Las comparaciones siempre son odiosas y más cuando hablamos de cosas cercanas a nosotros. Esta semana ha abierto sus puertas al público el Salón Internacional del Automóvil de Frankfurt y, como siempre, un par de días antes, tuvieron lugar las jornadas de prensa en las que periodistas de todo el mundo pudimos contemplar las grandes novedades que este evento nos deparaba y que reflejan que los alemanes hacen las cosas de otra manera, que no se andan con chiquitas y que su salón no podía quedar empañado por la dichosa crisis.
En esta época del verano en la que los que estamos trabajando nos enfrentamos a una abrumadora escasez de noticias en el sector del automóvil, Volkswagen y Porsche han decidido romper el sopor estival para ultimar los detalles de un acuerdo de integración entre ambas empresas que se viene gestando hace varios meses y que finalmente derivará en que el primer fabricante europeo de automóviles (Volkswagen) compre el 42% de las acciones de Porsche por un importe de 3.300 millones de euros.
El 2009 no está siendo un buen año para Porsche, a pesar de que en 2008 fue el ejemplo a seguir de varias de las grandes empresas del sector, ya que siendo una compañía de pequeño tamaño, con algo más de 15.000 trabajadores, se convirtió en el mayor accionista del grupo Volkswagen (primer fabricante de Europa de automóviles). Sin embargo, parece que esos aires de grandeza han pasado factura a la compañía de Stuttgart que lleva varios meses buscando reducir la deuda de más de 10.000 millones de euros que contrajo para comprar las acciones de Volkswagen.
Después de mucho sufrimiento, de reuniones interminables, de declaraciones contradictorias y de conflictos entre sindicatos, el objetivo se ha cumplido en Seat, después de que el consorcio automovilístico alemán Volkswagen haya adjudicado la producción de su nuevo modelo todoterreno Q3 a la planta que posee la firma española en Martorell (Barcelona), con todo lo que ello supone en términos de empleo, inversión y sobre todo sirve para asegurar el futuro de la instalación, que había estado en entredicho en múltiples ocasiones.