Estoy en Wolfsburg, sede del primer fabricante europeo de automóviles, y probablemente una de las ciudades peor comunicadas con Madrid del mundo, pero eso es otra historia. Estoy en una sala habilitada para la prensa que está llena de periodistas con corbata tecleando sin parar cifras y datos en relación con los resultados económicos correspondientes al pasado ejercicio que ha presentado el grupo Volkswagen. Los números ya habían sido adelantados hace un par de semanas, pero no deja de sorprender lo bien que va esta compañía, aunque haya reducido sus beneficios en un 80%.
En la vida en general y en el ámbito económico, en particular, estamos acostumbrados a que los platos rotos de las cosas que no salen bien los paguen los que menos culpa tienen y las personas que están más indefensas. Estamos hartos de ver empresas que tienen dificultades y lo primero que hacen es recortar empleos en los niveles más bajos de responsabilidad, y por lo tanto, de sueldo. Este tipo de medidas son muy habituales en el mundo del motor, porque las compañías suelen despedir a los trabajadores de la línea de montaje cuando tienen que parar la producción por la baja demanda o por otros motivos.
Hace pocos días, los periodistas que acudimos a la presentación del nuevo León Cupra R tuvimos una grata sorpresa. El programa del día contaba con un vuelo hacia Barcelona, un recorrido hasta el Circuito de Castellolí, unas vueltas con la 'bestia' por el circuito, después una comida y vuelta a Madrid en el Puente Aéreo. Sin embargo, el día nos deparaba una novedad. Íbamos a poder escuchar por primera vez, después de un intento fallido en el Salón del Automóvil de Frankfurt, unas declaraciones públicas del nuevo presidente de Seat, el británico James Muir.
En los últimos tiempos, los españoles nos estamos acostumbrando a recibir buenas noticias relacionadas con las plantas de producción de automóviles asentadas en España. La retahíla de buenas nuevas comenzó con la adjudicación de la fabricación del Audi Q3 en la factoría de Seat en Martorell (Barcelona), posteriormente se supo que Ford iba a fabricar el C-Max y el Grand C-Max en exclusiva en su fábrica valenciana de Almussafes, lo que asegurará el volumen de trabajo en la instalación por un tiempo.
Que los coches eléctricos son el futuro, nadie, o casi nadie, lo duda. Pero la realidad es que todavía no están al alcance de todos los bolsillos y por ello son necesarias políticas de fomento de este tipo de vehículos y la puesta en marcha de ayudas que hagan que los ciudadanos de a pie podamos acceder a estos automóviles que no emiten dióxido de carbono durante su funcionamiento y que probablemente se convertirán en los coches que predominarán en las calles de las grandes capitales del mundo en los próximos años.
En esta época del verano en la que los que estamos trabajando nos enfrentamos a una abrumadora escasez de noticias en el sector del automóvil, Volkswagen y Porsche han decidido romper el sopor estival para ultimar los detalles de un acuerdo de integración entre ambas empresas que se viene gestando hace varios meses y que finalmente derivará en que el primer fabricante europeo de automóviles (Volkswagen) compre el 42% de las acciones de Porsche por un importe de 3.300 millones de euros.
Nadie daba un duro porque el Salón Internacional del Automóvil de Barcelona se fuera a llevar a cabo, pero no sólo ha salido adelante, sino que en su 90 aniversario se ha superado el número de marcas participantes, y, después de que haya pasado el primer fin de semana después de la apertura al público, todo parece que se va a lograr superar el récord de asistencia (durante la primera jornada visitaron el Salón más de 100.000 personas).
Después de mucho sufrimiento, de reuniones interminables, de declaraciones contradictorias y de conflictos entre sindicatos, el objetivo se ha cumplido en Seat, después de que el consorcio automovilístico alemán Volkswagen haya adjudicado la producción de su nuevo modelo todoterreno Q3 a la planta que posee la firma española en Martorell (Barcelona), con todo lo que ello supone en términos de empleo, inversión y sobre todo sirve para asegurar el futuro de la instalación, que había estado en entredicho en múltiples ocasiones.
Las marcas de automóviles están haciendo grandes esfuerzos para poder enfrentarse a la crisis, que a ellas les está afectando en forma de reducción de ventas, mediante la disminución de todo tipo de costes. Los más habituales son los de personal y los temidos EREs, sobre los cuales oímos hablar todos los días y en los que se decide sobre el trabajo de miles de personas, aunque hay en otros muchos aspectos en los que las marcas se están apretando del cinturón. Así, se han eliminado las cenas de empresa, los viajes innecesarios, los taxis y se apura al máximo la negociación de los precios con los proveedores para rascar unos céntimos. Ante esta situación no es de extrañar que todas las firmas de automóviles se estén planteando muy detenidamente su participación en el próximo, si es que se celebra finalmente, Salón Internacional del Automóvil de Barcelona.
Hace poco me enteré, con gran sorpresa, de que el director de Marketing del consorcio automovilístico italiano Fiat y también máximo responsable de las firmas de automóviles Alfa Romeo y Abarth, Luca de Meo, había decidido abandonar el consorcio que preside Luca Cordero di Montezemolo. De Meo utilizó la frase a la que se suele recurrir en estos casos, “para perseguir nuevos retos profesionales”, pero todo parece indicar que su futuro está ligado al mundo de las cuatro ruedas, puesto que, tal y como recoge la publicación alemana ‘Auto Motor und Sport’, el ex trabajador de Fiat pasará a engrosar las filas del gigante automovilístico Volkswagen, primer fabricante de automóviles de Europa.