Pasado el primer mes del año, digeridos los polvorones, y ya casi olvidados los regalos de los Reyes Magos, hemos entrado de lleno en el mes de febrero, que además de tener este año 28 días, es el que marca el inicio oficial de la temporada de presentación de resultados económicos correspondientes al pasado ejercicio de las empresas de todo tipo, pero especialmente de las que más nos interesan, que son las del sector del automóvil.
Dejamos hace unos días el 2009, y toca hacer balance de lo ocurrido en estos doce meses en el sector del automóvil. Las cosas no fueron fáciles durante el pasado año para los fabricantes de vehículos, ni tampoco para los gobiernos de los diferentes países, que tuvieron que intervenir en muchas ocasiones para frenar la caída libre a la que se estaba enfrentando la industria de las cuatro ruedas (también la de las motocicletas).
Es Nochebuena y antes de irme a cenar con mi familia tengo un rato libre y he pensado que lo mejor era actualizar un poco el blog, que lo tengo abandonado y no por falta de temas de actualidad, si no por el exceso de ellos, que hacen que esté sin aliento durante los últimos días de 2009. Creo que lo más relevante que ha pasado últimamente en el mundo del motor puede ser, además del cierre de la firma Saab, el acuerdo alcanzado entre el grupo automovilístico estadounidense Ford y la china Geely para la venta de la otra compañía sueca, Volvo.
En los últimos tiempos, los españoles nos estamos acostumbrando a recibir buenas noticias relacionadas con las plantas de producción de automóviles asentadas en España. La retahíla de buenas nuevas comenzó con la adjudicación de la fabricación del Audi Q3 en la factoría de Seat en Martorell (Barcelona), posteriormente se supo que Ford iba a fabricar el C-Max y el Grand C-Max en exclusiva en su fábrica valenciana de Almussafes, lo que asegurará el volumen de trabajo en la instalación por un tiempo.
Durante los últimos años, los grandes grupos automovilísticos de todo el mundo se han ido desprendiendo de algunas de sus marcas, por diferentes motivos, como que no se amoldaban a la filosofía de la empresa o porque no eran filiales lo suficientemente rentables como parte mantenerlas integradas en la compañía. Entre los casos que se me vienen a la cabeza se encuentran Aston Martin, Chrysler, Hummer, Land Rover, Jaguar o Saab.
He aterrizado hace pocas horas después de pasar unos días de vacaciones en Estados Unidos, y la verdad es que he estado bastante desconectado de la actualidad y en especial de lo relacionado con el mundo del motor (de lo único que me he enterado es de que General Motors está cerquita de salir de la suspensión de pagos, aunque me tendré que informar mejor). Por ello, y porque me parece muy interesante, me dispongo a hacer un breve análisis de la situación del mercado automovilístico estadounidense a través de la simple observación de los vehículos que se ven por las calles de algunas de ciudades.
Ford ha sido uno de los primeros, de entre los principales consorcios automovilísticos en todo el mundo, que ha presentado sus resultados económicos correspondientes al pasado ejercicio y el batacazo ha sido de consideración. Es de valientes ser de los primeros, pero los números rojos presentados por la firma estadounidense nos ponen en alerta de lo que pueden ser las próximas semanas, durante las cuales el resto de compañías darán a conocer sus cuentas y saldrá triunfadora la que las tenga en negro, por este año parece que lo que se van a llevar son las pérdidas estratosféricas, como las de Ford.
Las marcas de automóviles están haciendo grandes esfuerzos para poder enfrentarse a la crisis, que a ellas les está afectando en forma de reducción de ventas, mediante la disminución de todo tipo de costes. Los más habituales son los de personal y los temidos EREs, sobre los cuales oímos hablar todos los días y en los que se decide sobre el trabajo de miles de personas, aunque hay en otros muchos aspectos en los que las marcas se están apretando del cinturón. Así, se han eliminado las cenas de empresa, los viajes innecesarios, los taxis y se apura al máximo la negociación de los precios con los proveedores para rascar unos céntimos. Ante esta situación no es de extrañar que todas las firmas de automóviles se estén planteando muy detenidamente su participación en el próximo, si es que se celebra finalmente, Salón Internacional del Automóvil de Barcelona.
Soy un gran defensor del mundo del automóvil, en todas sus vertientes y en la industrial, especialmente, porque creo que se están haciendo muchas injusticias con los fabricantes de coches en la actualidad, pero cuando las cosas no se hacen bien, también lo reconozco y acepto las críticas. Digo esto porque hace dos semanas vimos como el Congreso de Estados Unidos dio un histórico tirón de orejas a los presidentes de tres de los grupos automovilísticos más grandes del mundo, General Motors, Ford y Chrysler.
Ford está afrontando quizá la mayor crisis de su historia, si bien es cierto que sus rivales General Motors y Chrysler están igual, pero me centraré en el caso de la firma del óvalo. Estos días hemos tenido conocimiento de que el consorcio Ford se ha deshecho del 20% del capital que poseía en su filial nipona Mazda, aunque se mantiene como el principal accionista al mantener un 13,4% de las acciones de esta empresa.