Dejamos hace unos días el 2009, y toca hacer balance de lo ocurrido en estos doce meses en el sector del automóvil. Las cosas no fueron fáciles durante el pasado año para los fabricantes de vehículos, ni tampoco para los gobiernos de los diferentes países, que tuvieron que intervenir en muchas ocasiones para frenar la caída libre a la que se estaba enfrentando la industria de las cuatro ruedas (también la de las motocicletas).
Durante los últimos años, los grandes grupos automovilísticos de todo el mundo se han ido desprendiendo de algunas de sus marcas, por diferentes motivos, como que no se amoldaban a la filosofía de la empresa o porque no eran filiales lo suficientemente rentables como parte mantenerlas integradas en la compañía. Entre los casos que se me vienen a la cabeza se encuentran Aston Martin, Chrysler, Hummer, Land Rover, Jaguar o Saab.
General Motors, la todopoderosa compañía estadounidense y representante del espíritu americano, ha sido la última de las empresas del sector del automóvil que se ha declarado en suspensión de pagos (durante este año también lo hicieron Visteon, SsangYong o Chrysler). La situación que atraviesa la industria del automóvil, tanto en el país de las oportunidades como en el resto del mundo, no ha ayudado a la recuperación de la compañía con sede en Detroit (Michigan), pero los problemas de General Motors venían de antes y, si se me permite, acogerse a la protección judicial ha sido una de las medidas más acertadas que ha tomado la empresa en los últimos años.
No sé si podemos o no podemos, pero parece que la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca ha venido acompañada de nuevos bríos y de ganas de cambiar la actual situación económica. En lo que se refiere al sector del automóvil, el primer presidente negro de Estados Unidos, ha tomado, como se suele decir, el toro por los cuernos desde el primer momento y ha puesto firmes a los dirigentes de las principales compañías del país, como son General Motors, Chrysler y Ford. Eso fue nada más llegar, pero recientemente Obama, en una comparecencia pública, estableció una fecha límite para que General Motors y Chrysler pusieran al día sus planes de viabilidad, si querían seguir recibiendo ayudas económicas.
Hacía ya tiempo que en el sector del automóvil no hablábamos de una alianza entre dos grandes fabricantes. Han tenido que llegar Fiat y Chrysler para romper esta inercia, ya que últimamente estábamos más acostumbrados a las operaciones orientadas a desprenderse de compañías, tal y como ha hecho Ford con sus antiguas filiales británicas Aston Martin, Land Rover y Jaguar, o como hizo Daimler, que se desprendió de Chrysler, y puso fin, de esta forma, a una de las uniones más sonadas de los últimos tiempos. Fiat y Chrysler han anunciado que han firmado una carta de intenciones para formar una alianza y a través de la que la marca transalpina se hará con un 35% del capital de la norteamericana, mientras que ésta sacará partido mediante el uso de la tecnología de Fiat.
Soy un gran defensor del mundo del automóvil, en todas sus vertientes y en la industrial, especialmente, porque creo que se están haciendo muchas injusticias con los fabricantes de coches en la actualidad, pero cuando las cosas no se hacen bien, también lo reconozco y acepto las críticas. Digo esto porque hace dos semanas vimos como el Congreso de Estados Unidos dio un histórico tirón de orejas a los presidentes de tres de los grupos automovilísticos más grandes del mundo, General Motors, Ford y Chrysler.
Cuando Toyota muestra síntomas de debilidad es que la cosa no marcha en el sector del automóvil a nivel mundial. Durante este año nos hemos acostumbrado a ver como los principales fabricantes de automóviles, unos más que otros, iban viéndose afectados por la crisis económica y por su repercusión sobre las ventas. Este retroceso ha sido especialmente abultado, y con una mayor duración, en las marcas estadounidenses, como Ford, General Motors, Chrysler, y también entre los fabricantes de componentes como Delphi, TRW, Visteon o Lear.
Kirk Kerkorian, de profesión millonario, ha vuelto a aparecer en la escena de la automoción mundial, después de haber anunciado que tiene intención de alcanzar una participación del 5,6% en Ford, para lo que comprará un 1% del accionariado de la empresa, dado que en la actualidad mantiene un 4,7% de la firma del óvalo.