El que hasta hace poco tiempo era el primer fabricante mundial de automóviles, y que ahora se esfuerza por mantener la segunda posición del ránking, General Motors, acaba de presentar sus resultados económicos correspondientes al tercer trimestre del presente ejercicio (julio-septiembre) y que son los primeros desde que se declarara en suspensión de pagos y de que emergiera después de pasar cuarenta días en esta situación.
He aterrizado hace pocas horas después de pasar unos días de vacaciones en Estados Unidos, y la verdad es que he estado bastante desconectado de la actualidad y en especial de lo relacionado con el mundo del motor (de lo único que me he enterado es de que General Motors está cerquita de salir de la suspensión de pagos, aunque me tendré que informar mejor). Por ello, y porque me parece muy interesante, me dispongo a hacer un breve análisis de la situación del mercado automovilístico estadounidense a través de la simple observación de los vehículos que se ven por las calles de algunas de ciudades.
Las marcas de automóviles están haciendo grandes esfuerzos para poder enfrentarse a la crisis, que a ellas les está afectando en forma de reducción de ventas, mediante la disminución de todo tipo de costes. Los más habituales son los de personal y los temidos EREs, sobre los cuales oímos hablar todos los días y en los que se decide sobre el trabajo de miles de personas, aunque hay en otros muchos aspectos en los que las marcas se están apretando del cinturón. Así, se han eliminado las cenas de empresa, los viajes innecesarios, los taxis y se apura al máximo la negociación de los precios con los proveedores para rascar unos céntimos. Ante esta situación no es de extrañar que todas las firmas de automóviles se estén planteando muy detenidamente su participación en el próximo, si es que se celebra finalmente, Salón Internacional del Automóvil de Barcelona.