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Seat, la única marca española de automóviles de volumen (por ahí anda Santana, pero juega en otra liga), volvió a registrar pérdidas durante los nueve primeros meses del año. En los tiempos que corren esta noticia es de lo más normal, lo que pasa es que la situación de la firma de Martorell no nos hace tener esperanza, porque parece que en los últimos años los productos que ha lanzado no han tenido la acogida esperada, especialmente los de mayor tamaño, y porque su matriz, el grupo alemán Volkswagen, la tiene apartada en un rincón, por detrás de su gallina de los huevos de oro, Skoda. La marca automovilística cerró los nueve primeros meses de este año con unos números rojos de 30 millones de euros. Los datos por sí solos no dicen mucho, porque en un principio no parece mucho dinero a simple vista, barajando las cifras que se mueven en el sector de la automoción. La cosa cambia cuando vemos que estas pérdidas son más de dos veces mayores que las registradas entre enero y septiembre de 2009 y ahí es cuando nos entra el tembleque. Junto a esta caída de sus pérdidas hay que sumar que su facturación se elevó hasta 4.046 millones de euros en el mismo periodo que estamos barajando, lo que supone una reducción del 8% en comparación con los ingresos de 2007, mientras que las ventas del a firma catalana también cayeron, hasta 291.000 unidades, un importante batacazo si se miran los 306.000 coches que vendió en los mismos meses del año anterior. Espero que estas cifras muestren un resfriado pasajero de la compañía y que pronto vuelvan a recobrar la fortaleza de antaño y luche por lograr su objetivo, ahora bastante lejano, de ser líderes del mercado español. La cosa está difícil pero esperemos que los nuevos modelos, como el Ibiza, y en un futuro cercano su nueva berlina Exeo, rompan con esta tendencia.
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