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Dejamos hace unos días el 2009, y toca hacer balance de lo ocurrido en estos doce meses en el sector del automóvil. Las cosas no fueron fáciles durante el pasado año para los fabricantes de vehículos, ni tampoco para los gobiernos de los diferentes países, que tuvieron que intervenir en muchas ocasiones para frenar la caída libre a la que se estaba enfrentando la industria de las cuatro ruedas (también la de las motocicletas). Es difícil resumir en unas líneas todo lo ocurrido entre enero y diciembre de 2009. Aunque pienso que si hay algún término con el que se puede calificar lo sucedido en el ejercicio anterior, la palabra más adecuada sería crisis, pero no sólo la económica e internacional, sino también una crisis del Modelo de negocio al que estábamos acostumbrados en tiempos de bonanza y que derivó en adquisiciones absurdas y en proyectos que desde su nacimiento carecían de significado. Fuera de las fronteras españolas se han producido grandes cambios en el panorama automovilístico mundial, desde el anuncio de Toyota de que iba a registrar pérdidas a la venta de Volvo por parte de Ford. Aunque, creo que en el ámbito internacional lo más destacado de 2009 fueron los casos de General Motors y de Chrysler, ya que hicieron ver a los ciudadanos la debilidad de las grandes empresas del sector, que tuvieron que recurrir a la protección del Gobierno de Estados Unidos, para mantener a flote unas compañías, en ese momento, insalvables. Obama dio su apoyo a estas empresas con fuertes ayudas públicas, que, eso sí, tendrán que devolver hasta el último dólar. Sin embargo, el presidente estadounidense ‘puso firmes’ a los directivos de ambas empresas, hasta el punto de que forzó la salida del presidente de GM, y les obligó a llevar a cabo una reestructuración “profunda” de sus negocios, con el fin de asegurar su viabilidad en el futuro. Las dos corporaciones llevaron sus situaciones de forma diferente. Chrysler alcanzó un acuerdo con Fiat, por el que ésta se convertía en su accionista, a cambio de compartir tecnología y sinergias, y General Motors apostó por seguir en solitario pero realizando un recorte brutal de su capacidad de producción, de sus efectivos y una reducción de sus marcas, para lo que intentó vender Opel, Saab, Saturn, Hummer y decidió suprimir Pontiac. En España, la cosa fue muy diferente. No hubo grandes reestructuraciones ni sonadas suspensiones de pagos de grandes empresas del sector, pero sí que ha habido infinidad de Expedientes de Regulación de Empleo y de recortes de producción, a causa de la crisis, o eso decían. No obstante, sería mentir, o por lo menos no decir toda la verdad, si no hiciera mención de los grandes logros que se han conseguido en la industria española de automoción a lo largo de 2009. Durante el año pasado se adjudicó la producción del Audi Q3 a la planta de Seat en Martorell (Barcelona), así como la fabricación de un Modelo eléctrico a la de Valladolid de Renault y se confirmó la continuidad de la fabricación del Opel Meriva en la factoría de General Motors en Figueruelas. A todo esto hay que sumar el Plan 2000E, que, en mi opinión, ha sido el gran protagonista de 2009, en lo que se refiere al sector del automóvil. Llegó tarde, pero llegó, y ayudó a reducir el batacazo que hasta el mes de junio estaban sufriendo las matriculaciones de automóviles. Este programa se mantiene en 2010 con el mismo presupuesto. Dará resultado, pero se dice que es algo escaso. Todo lo dicho anteriormente me hace reflexionar y ver el vaso medio lleno, como para decir que 2009 fue un buen año para la industria española de automóviles.
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