Dicen que en tiempos de crisis económica es cuando se generan las mejores ideas y es cuando los verdaderos líderes toman medidas que les sitúen mejor que a los demás en el momento en que esta situación económica pase y las cosas vuelvan a como estaban antes, si es que esto pasa. Esta filosofía parece que es la que está aplicando BMW a sus decisiones actuales, porque acaba de anunciar que invertirá la nada denostable cantidad de 560 millones de euros en la construcción de una planta de producción en China.
La marca Mini, que tantas buenas noticias ha dado a su matriz, BMW, en los últimos años, parece que ha dejado de ser la niña bonita de la firma de Munich, para convertirse en un nuevo problema que sumar, a los que ya tenía derivados de la crisis financiera internacional, de la reducción de las ventas y demás entramados que quitan el sueño a los grandes directivos de las grandes multinacionales de la automoción.
Los tres grandes fabricantes de vehículos premium de Alemania, Mercedes-Benz Cars, Audi y BMW, experimentaron durante el pasado mes de enero, al igual que el resto de marcas generalistas, fuertes reducciones de sus matriculaciones en todo el mundo, lo que pone de manifiesto que hasta los ricos se están viendo afectados por la crisis o, por lo menos, que éstos están esperando a que pase este vendaval para adquirir un vehículo de gama alta. Los descensos de ventas de las tres firmas de lujo más potentes del continente europeo durante el pasado mes de enero echan por tierra el famoso mito de que los productos caros no se ven afectados por las condiciones de mercado.
Los fabricantes de automóviles del segmento Premium, o como se le ha llamado toda la vida, los coches de lujo o de gama alta, han sido los que, en un primer momento, han afrontado mejor las dificultades que están afectando a la economía internacional y, en especial, al sector del automóvil. Sin embargo, el largo periodo de recesión también está pasando factura a este sector y concretamente a BMW, que redujo sus ventas un 14,6% durante el pasado mes de septiembre.
A pesar de todo lo que le está cayendo a la industria del automóvil (con la reducción alarmante de las ventas de coches, el aumento de los precios de las materias primas y el cambio en la demanda de los consumidores), las marcas siguen realizando fuertes inversiones, ya sea por obligación o por voluntad propia, en el desarrollo de nuevas tecnologías que les permitan reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de sus automóviles.
Desde hace unos años estamos viendo como los principales fabricantes de automóviles de Estados Unidos (General Motors, Chrysler y Ford) están reduciendo su capacidad productiva en su mercado local, con el fin de disminuir los costes y de amoldar su volumen de fabricación a la demanda real del mercado. Sin embargo, parece que el grupo BMW no ha optado por esa misma táctica, puesto que esta semana ha anunciado que va a invertir 1.000 millones de dólares (al cambio cerca de 650 millones de euros) en expandir su presencia en este país.
La planta de alemana de Leipzig, propiedad de la firma de automóviles premium BMW, ha sido la elegida como centro desde el que se producirá el nuevo todoterreno de la compañía, el X1. Este esperado modelo llegará a un mercado europeo en el que parece que la demanda de todoterrenos está ralentizándose, por los motivos conocidos por todos, o lo que es lo mismo, porque el combustible cuesta más y estos coches tienen consumos altos, y porque ya no hay tanto dinero para llenar el depósito (de momento creo que los temas medioambientales no son fundamentales a la hora de comprar un 4x4).